Artículo de Tali Rosu
Si estás pensando en escribir una novela seguramente tengas una idea en la cabeza; si no es así, habrá que pensar en algo…
Para empezar, es recomendable escribir tu idea principal en no más de 4 renglones.
Ten en cuenta que, a diferencia del relato, una novela tiene más de una trama. Está la trama principal en la que se desarrolla el conflicto de nuestro protagonista y las secundarias o subtramas que podrían definirse como ramificaciones que influyen en la primera, aunque tengan menor peso.
Como se suele decir, «cada maestrillo tiene su librillo»; hay quienes crean primero una sinopsis y después desarrollan personajes, hay quienes parten de los personajes previamente creados, hay quien prefiere no planificar… Yo te voy a contar una serie de conceptos básicos, pero, sin lugar a dudas, sin una idea principal no tenemos nada.
¿Estructura o brújula?

Hay escritores de brújula y escritores de mapa. Sea como sea tu forma de hacer las cosas, este artículo puede interesarte.
Este es un tema de debate muy frecuente. Un escritor de brújula se llama a quien no se basa en una estructura para escribir. Como en todo, cada autor se sentirá más cómodo de una forma u otra, pero no necesariamente tiene que ser la “correcta” o la que le funcione a todo el mundo.
Eso sí, si eres como yo y no te gustan los mapas para el inicio, puedes seguir tu impulso hasta cierto punto, pero llega un momento en el que una organización es fundamental.
Tal vez no quieras empezar por una planificación y arranques directamente con el desarrollo, pero sí es importante que después hagas una revisión y tomes notas. Es conveniente crear un esquema de lo que ha sucedido, tanto si has puesto el punto final como si te has quedado enganchado sin saber por dónde tirar. Digamos que es útil crear la escaleta, aunque ya esté escrita la historia, te servirá en el momento de comprobar coherencia temporal o argumental y, en definitiva, para que todo tenga sentido.
Si eres escritor de estructura necesitas crear tu mapa
Si todavía no tienes la idea principal y no sabes muy bien cómo centrarte en ella, podrías empezar por elegir el género de tu novela. Teniendo claro que tu género literario será la narrativa, ahora toca saber si quieres ciencia ficción, novela histórica, fantasía, thriller, distopía, terror… De ello dependerá el enfoque principal y, por supuesto, esa idea inicial que, ahora sí, toca desarrollar en tres o cuatro líneas.
Define a tus lectores porque de ello dependen cosas como la estructura, el lenguaje que vas a usar o el tipo de imágenes que vas a evocar. Por ejemplo, si quieres que tu novela sea catalogada como juvenil, suele ser conveniente un tratamiento más lineal, el uso de personajes con los que puedan identificarse, no debe tener escenas de sexo…
Identifica el objetivo y el conflicto porque sin ellos no hay novela. ¿Sabes la típica expresión de «me aburre porque siento que no pasa nada»? Por lo general esto sucede porque se describen muchas acciones, pero no hay objetivos, no hay algo que mantenga al lector interesado.
El personaje principal tiene que tener un objetivo claro y tiene que haber algo o alguien que no se lo ponga fácil; esto último sería el conflicto.
De la mano del objetivo está tu personaje protagonista. Tengas o no tengas a los personajes desarrollados, por lo menos tienes que pensar quién tiene que luchar por conseguir ese objetivo planteado.
Y por supuesto, si hay conflicto hay antagonista. ¿Quién se lo va a poner difícil? ¡Ojo!, que el antagonista y el protagonista pueden ser el mismo personaje. ¿Cuántas veces nos enfrentamos a miedos o limitaciones que nos llenan de dudas y tropezones?
Protagonista = Quiere algo.
Antagonista = Quiere impedir la consecución de ese “algo”.
Crea una sinopsis; esto es coger la idea principal y desarrollar una trama. Es decir, contar a grandes rasgos todo lo que quieres que pase de inicio a fin, pero sin entrar en detalles o descripciones puntuales.
Aquí es interesante tener en cuenta la estructura que se aconseja en tres partes:
Introducción: presenta a tus personajes y el conflicto.
Nudo: aquí es donde pasa casi todo, donde el protagonista y el antagonista se enfrenan en esa lucha por ver si se consigue o no el objetivo final. Suele terminar con un clímax que nos lleva a la última parte.
Desenlace: después de la tormenta viene la calma y la trama se resuelve. Ojo, resolver no significa conseguir el objetivo, significa crear un cierre; ponerle fin a lo que se está contando.
Consejo: Si vas a meter puntos de giro, es interesante que se presenten junto antes de acabar la introducción y justo antes de acabar el nudo.
Busca documentación. Esto no siempre es necesario de inicio a no ser que escribas, por ejemplo, novela histórica o científica, pero ten en cuenta que muchas novelas cojean de verosimilitud o incoherencia en pequeñas escenas que parecía que no necesitaban documentarse. Acuérdate que, aunque sea ficción, tiene que ser creíble.
Y si consideras que no te hace falta este punto, tenlo en cuenta siempre a lo largo de tu primera revisión y, si hay algo que pueda no cuadrar, busca información.
Desarrolla personajes y define las subtramas a grandes rasgos. ¿Quiénes son? ¿Qué hacen ahí? ¿Cómo afectan a la trama principal? ¿De dónde vienen y a dónde van?
Puedes hacer un listado con las subtramas y desarrollarlas brevemente —como si hicieras una pequeña sinopsis de cada una de ellas—.
Hay quién no les da mucha importancia a los detalles, pero ¿te suena leer reseñas que halaguen a los personajes? Este paso se nota mucho. Aunque ciertos aspectos no vayan a aparecer en tu libro, es importante que tú los conozcas, que sepas cómo se mueven, cómo piensan, qué los ha llevado hasta ahí, qué hace que actúen de una forma u otra… Todos los detalles te ayudarán a crear una trama más rica y natural.
Crea una escaleta.
Tenéis información más detallada en el artículo «Escaleta de un guion o novela».
Al hacer un mapa vamos de lo general a lo específico; es como ir haciendo zoom en Google Maps. Pero aquí vamos poco a poco —primero está la ida en la que se basará la sinopsis, a partir de la cual haremos escaleta. El desarrollo detallado quedará para después—.
Una escaleta es el desarrollo genérico de lo que pasa en cada escena. No hay que entrar en detalles, pero esto es a lo que va a ayudarte a que todo tenga un orden lógico. Digamos que es el esqueleto; un esquema básico y secuencial.
¿En qué se diferencia la escaleta de la sinopsis? La sinopsis se escribe toda junta y por lo general no abarca más de dos páginas. Es como contar un cuento o contarle a un colega lo que pasa en una peli. La escaleta es más visual poniendo datos claros. Por ejemplo:
Escena 1: Descripción breve de lo que pasa aquí.
Escena 2: Descripción breve de lo que pasa aquí.
Escena 3: Descripción breve de lo que pasa aquí.
…
Si te es útil, puedes hacer una lista de las ideas principales —incluyendo la de las subtramas que ya creaste—, de esta forma te aseguras de no dejarte nada en la escaleta.
Ten en cuenta que el conflicto debe presentarse pronto para no aburrir, pero no tanto como para que confunda al lector por no saber ni de qué personajes le estás hablando.
También considera que una historia no debe ser plana. Un lector no puede estar en constante tensión ni debe sentir que no está pasando nada. Hay que jugar con los ritmos, dejar que respire, que coja fuerza, que tenga subidas y bajadas…
Consejo: Si haces saltos temporales, márcalos de un color diferente. De este modo sabrás que la escena inmediatamente anterior tiene que dar lugar a este cambio de tiempo.
Consejo: Si hay cambios espacio temporales, al principio de cada escena escribe el año y el lugar en el que se desarrolla. Y siempre apunta los personajes principales y secundarios que participan.
Consejo: Asegúrate de no presentar un personaje al principio de tu historia, darle importancia y después solo volver a mencionarlo de refilón en una o dos escenas más. Que el lector no se pregunte qué le pasó a ese personaje porque le hayas dado una importancia que no tenía.
Ya tienes tu mapa, ahora toca el desarrollo.
Define el estilo narrativo, puede ser:
- Directo: El narrador introduce el diálogo de los personajes y se trascriben literalmente como se han dicho. Es lo más común, por ejemplo: «La niña rompió a llorar y le dijo a su madre: —No quiero ir a la escuela».
- Indirecto: El narrador sabe lo que han dicho y lo describe en la narración. Por ejemplo: «La niña rompió a llorar y le dijo a su madre que no quería ir a la escuela». Siempre se usa la conjunción «qué».
- Libre: Puede ser directo o indirecto, pero lo que hace es mezclar la voz del narrador con la voz de los personajes. Si estás leyendo este artículo, está bien que sepas que esto existe, pero no te aconsejo meterte en camisa de once varas.
Elige el tipo de narrador que vas a usar. Te dejo información básica de los más comunes para que decidas cuál es el más apropiado para tu narración y que puedas tomar una decisión:
- Protagonista: Lo narra el protagonista en primera persona. Sabe lo que está pasando porque lo está viviendo o lo ha vivido, pero no sabe lo que va a pasar a no ser que tenga ese superpoder. Solo sabe lo que ve por lo que no puede contar cosas que hayan pasado en otro espacio o lo que sientes otros personajes sin que nadie se le haya contado.
Es común que expresen sus propios pensamientos y emociones. - Omnisciente: Lo conoce todo. Sabe lo que ha pasado, lo que va a pasar, lo que sienten y piensan todos… Puede hacer juicios, pero no tiene un punto de vista único, sino que cuenta un poco el de todos. Es más lejano y no crea tanta empatía.
Narra en tercera persona y no forma parte de la historia. Es como un dios que todo lo sabe pero que nos va dando pequeñas pistas sin contarlo todo de golpe.
- Testigo: Narra en primera persona porque lo ha presenciado «has ido testigo», pero no es el protagonista. Nos da un punto de vista, pero no juzga los hechos. Pudo haber formado parte o solo haberlo visto como espectador sin ser un personaje. Este narrador se puede dividir en otros tres, pero, en cualquier caso, sus conocimientos se limitan a lo que ve:
- Impersonal: Es como la voz en off y suele estar en presente. Es como ir contando una peli mientras la vas viendo.
- Presencial: suele ser en pasado, es como el testigo de un crimen al que están interrogando.
- Informante: Es algo más formal, como si se redactara un informe.
- Equisciente: Es como si una cámara siguiera a uno de los personajes y además estuvieran conectados. Solo puede saber lo que ve a su alrededor, pero, además, sabe lo que piensa y siente el personaje al que sigue.
- Segunda persona: Sería lo equivalente a contar una carta o a hacer un reproche. Se lo está contando a otro personaje que también está o estuvo en la escena. Va genial cuando quieres crear empatía o hablarle al lector, porque al usar la segunda persona es como si se lo dijeras directamente a quien lee.
Teniendo en cuenta el tipo de narrador, elige el tiempo verbal. ¿Se cuenta en pasado, presente o futuro? Esto es importante porque a veces se empieza a escribir en un tiempo y de repente se cambia a otro sin saber por qué. Tenlo en cuenta a la hora de escribir, pero también a la hora de corregir.
Escribe tu primer borrador sin corregir. Hazlo del tirón, todo lo que puedas, y no te preocupes por tecnicismos. Aquí es donde manda el impulso y la pasión, donde te dejas llevar y permites que el hilo se vaya soltando.
Es interesante leerse la escaleta antes de empezar, especialmente si han pasado varios días sin que trabajes en tu libro. De esta forma todo te saldrá de forma mucho más fluida; es como ir a un examen habiendo estudiado. Lo bueno es que si te atoras puedes sacar chuleta; recurre a la escaleta, pero solo si te has quedado en blanco.
Revisa escena por escena lo que has escrito. Es posible que en el punto anterior hayan surgido cambios en el desarrollo que te habías planteado en tu mapa. Incluso surgen personajes que no habías pensado. Si es así, modifica la escaleta y verifica que no haya cambios estructurales; de haberlos tendrás que revisar si sigue habiendo coherencia.
En este punto es interesante tomar notas que te ayuden a ver que todo tiene lógica. Por ejemplo, si hay muchos cambios de tiempo, hacer un listado cronológico de lo que va sucediendo para asegurarte de no meter la pata. ¿Mataron a la madre biológica en el 81 pero ella tiene 12 años en el 95? Ehm, algo no cuadra… Pues eso.
Mientras haces esta revisión puedes ir corrigiendo lo que consideres oportuno. Si has cambiado de tiempo verbal sin querer, tendrás que prestar mucha atención a eso. Si algo no se entiende, cambia el sentido de la frase o las palabras que usas. Añade o quita cosas según te parezca.
Haz una primera corrección consciente, revisa la ortografía y la gramática. Presta atención a las palabras que repites mucho y busca sinónimos o diferentes formas de expresarlo. ¡Ojo! Cuidado con las frases rebuscadas; por ejemplo, una vez leí un libro de vampiros que hablaba todo el rato del corazón. A mitad de la historia debió darse cuenta de las repeticiones y empezó a usar «el órgano que bombea sangre» ¡todo el tiempo!
Vuelve a leer y a corregir las veces que consideres necesarias hasta que estés convencido del resultado, pero no te obsesiones demasiado; ten en cuenta que con cada revisión encontrarás cosas que cambiar… Llega un punto en el que tenemos que dar el visto bueno.
Ya está, ¿Ahora qué sigue?
Ahora sería conveniente mandarlo a un lector para que te haga un informe de lectura y a alguien que le haga una primera corrección antes de empezar con las decisiones y el proceso de edición.
Pero eso ya es otra historia, te lo contaré en otro momento…
