No es simplemente un cantante; es un artista de verdad, alguien que se siente libre para “hacer de todo”

Qué placer fue entrevistar a KYGA, ese bello humano nacido y forjado en Cartagena, bajo el imponente marco del Teatro Romano, un lugar cargado de historia y misterio, que parecía prestar su magia al encuentro. En esta ocasión, nos trasladó a otro mundo donde la rebeldía, la sinceridad y la creación sin miedo se entrelazan en un relato intenso y profundo.

“Entre sus palabras había fuego y desafío, en su mirada un misterio incandescente y en su alma una verdad que no se esconde.” KYGA nos habló sin tapujos, con una valentía arrolladora, sobre su identidad artística, el arte como necesidad vital y la crueldad del mundo musical actual, un entorno muchas veces oscuro y caótico, donde los sueños se enfrentan al ruido de la envidia y la indiferencia.

KYGA no es simplemente un cantante; es un artista de verdad, alguien que se siente libre para “hacer de todo” y que lleva en la piel esa esencia punky y directa que lo define. Su arte nace de un grito interior, de un impulso de expresarse sin miedo a las opiniones ajenas. “Callarse lo que uno lleva dentro es un fallo total”, afirmó con contundencia, porque para él el valor está en la autenticidad, en no dejar que el miedo aprisione el alma creativa. Su nombre, KYGA, mezcla de su nombre y apellido, es ya un símbolo de esa identidad sin máscaras.

Desde pequeño, la creatividad ha sido su refugio y motor. Recuerda con nostalgia aquellos días en que hacía películas con los vecinos, escribía guiones y monólogos, sin saber aún que su camino sería la música, pero siempre con la necesidad imperiosa de “hacer algo”, de dejar una huella que permanezca cuando ya no esté. Ese deseo profundo de “que su nombre quede escrito” impulsa cada paso que da, cada letra que escribe, cada melodía que crea.

Su llegada al trap no fue casual, sino una búsqueda desesperada de un lenguaje que llenara un vacío que el reggaetón de su juventud no podía saciar. Hace unos siete años encontró en el trap un estilo que describió como el “punk de este año”, un espacio para decir sin miedo lo que uno siente, para contar su verdad, incluso para “fardar un poco” de la vida vivida. Para KYGA, el trap es personal y real, con letras que en un 90% reflejan vivencias propias, emociones y realidades. Con el tiempo, su música ha evolucionado, fusionando ritmos, desde el reggaetón moderno hasta el techno y el dembow, sin encerrarse en un solo estilo, siempre dejando que la inspiración espontánea guíe su proceso creativo.

Pero la historia de KYGA no es solo la de un creador apasionado; es también la de un observador crítico de la industria musical, ese mundo que admira y cuestiona a partes iguales.

Denuncia la dificultad de abrirse paso sin contactos y el dolor de ver a personas con menos talento que él avanzar solo por conexiones. Su ética es clara y firme: nunca se vendería por dinero ni comprometería su voz o sus letras. Aunque agradece la ayuda que una discográfica pueda dar en producción o visuales, la esencia de su arte debe ser inmutablemente suya. Habla también de los cambios en el consumo musical, donde los singles dominan porque la gente ya no tiene tiempo para álbumes enteros, y admira a figuras como Bizarrap, auténticos genios del marketing musical.

Su conexión con Cartagena es profunda, pero no puede evitar señalar las sombras que oscurecen la escena local: la falta de compañerismo, la envidia, la crítica sin comprensión hacia el esfuerzo que hay detrás del arte. Contrasta esta realidad con la calidez que siente en Latinoamérica, donde encuentra cariño y apoyo.

Su consejo para los nuevos artistas es claro y tajante: comenzar profesional desde el primer momento para ser tomados en serio y evitar hundirse en el desaliento.

Más allá de la música, KYGA sueña a lo grande. Su mayor anhelo es realizar una película llamada “Trap Life”, una saga o documental que narre la lucha y el ascenso a través del mundo callejero y musical. Ve la música como un trampolín hacia esa ambición, una vía para financiar y dar vida a proyectos que trascienden lo sonoro y buscan contar historias con alma.

Así fue transcurriendo este momento magistral: pregunta, silencio, respuesta. Un diálogo profundo y sincero que nos dejó la huella imborrable de un artista que no teme mirar de frente al mundo, que camina firme en medio de la tormenta y que, con valentía, sigue creando sin perder ni un ápice de autenticidad. KYGA es ese ser que, entre el ruido y la sombra, alza su voz para dejar un legado auténtico, intenso y valiente, con la mirada puesta siempre en un horizonte donde la verdad y la creatividad sean la brújula que guíe su camino.

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