El caos sutil de la fotografía escénica, donde la luz tenue y cambiante obliga a la mente a ser rápida y precisa.
Qué placer fue entrevistar a Carmen Martínez, ese bello humano que congela la vida en movimiento.
En esta ocasión, nos trasladó a un mundo lleno de magia y realismo, donde la luz y la sombra danzan en perfecta armonía.
Entre sus palabras había magia, su mirada misterio y alma verdad.
Este ser nos habló sin miedo de su viaje entre imágenes y emociones, de aquella niña que fue la más feliz del mundo al recibir su primera cámara analógica, y del renacer de su pasión años después, en un mundo digital y complejo.
Nos reveló el caos sutil de la fotografía escénica, donde la luz tenue y cambiante obliga a la mente a ser rápida y precisa, a jugar con la velocidad, la apertura y el ISO para atrapar el instante fugaz del movimiento.
Habló del Carnaval de Cartagena, de la historia viva que recorre los trajes y las batallas de los Cartagineses y Romanos, de cómo sus fotos son puentes que nos transportan a otra época, como si estuviéramos viendo una película.
Carmen confesó su nerviosismo, la fragilidad que se desvanece cuando la cámara se convierte en extensión de su ser.
Nos mostró a una artista que, a pesar de las dificultades, persigue su pasión con el alma, con la mirada puesta en el futuro, con el corazón latiendo al ritmo de su ciudad.
Entre pregunta, silencio y respuesta, quedó en el aire esa magia palpable que solo quienes aman y entienden el arte pueden ofrecer.
