Hay algo que me tiene harta: que confundamos «defender derechos» con generar guerras absurdas. El feminismo no es (ni debería ser) un club de odio hacia los hombres, pero algunos lo han convertido en eso. Y, claro, luego llega el antifeminismo, que en el 90% de los casos es solo machismo con un disfraz de «preocupación social».
El feminismo que yo defiendo
El feminismo real busca igualdad, no supremacía. Que una mujer pueda caminar de noche sin miedo, que no tenga que «cumplir como esposa» si no quiere, que su denuncia no termine archivada porque «no había moretones». Pero también defiende que los hombres no sean encasillados como monstruos potenciales por el simple hecho de ser hombres.
El problema es cuando algunas personas usan la bandera feminista para justificar su resentimiento. Eso no es feminismo; es otra cosa. Y ese odio mal dirigido le hace más daño al movimiento que cualquier troll de Internet.
El antifeminismo: ¿crítica legítima o nostalgia machista?
«El feminismo ha ido demasiado lejos», dicen algunos. «Las leyes protegen demasiado a las mujeres y perjudican a los hombres», repiten. Pero, ¿en serio? Hablemos de datos, no de mitos:
- Denuncias falsas: Sí, existen. Pero son un porcentaje mínimo comparado con las denuncias reales que nunca se ponen por miedo, vergüenza o desconfianza en el sistema.
- Caballerosidad vs. control: «¿Ya nadie abre puertas a las mujeres?» ¿En serio eso es lo que les quita el sueño? Porque a mí lo que me preocupa son las mujeres que no pueden ni abrir la puerta de su casa sin que su pareja les grite o les impida salir.
- Leyes injustas: Si una ley parece desbalanceada, en lugar de quejarse de que «los hombres siempre pierden», ¿por qué no exigir sistemas mejores? Por ejemplo: ¿y si, en lugar de mandar al denunciado al calabozo automáticamente, se investiga rápido y se protege a la mujer sin criminalizar al hombre sin pruebas? ¿Y si se pone una orden de alejamiento preventiva y asegura de algún modo que el hombre la cumpla? No soy política ni abogada ni tengo ni idea de estas cosas, pero estoy segura de que deben de haber alternativas que no perjudiquen al hombre ante denuncias falsas, pero no dejen desprotegida a la mujer ante las reales. ¿No les ponen unas tobilleras a los que tienen arresto domiciliario para saber cuándo salen de un perímetro? ¿No pueden hacerlo con esas cosas para saber si se acercan mientras se hace el juicio? ¿O eso solo sale en las pelis?
El machismo que no se ve (pero está ahí)
Lo más peligroso del antifeminismo no es el que grita «¡las feminazis nos odian!», sino el que dice: «Yo apoyo a las mujeres, pero…».
- «Pero no exageren, si un piropo no es acoso» → Sí lo es si la mujer no lo quiere.
- «Pero si ella no dijo que no, ¿cuál es el problema?» → El silencio no es un «sí».
- «Pero ahora cualquier cosa es machismo» → No, ahora simplemente le ponemos nombre a lo que antes era «normal».
¿Entonces qué hacemos?
El feminismo no debería ser una batalla de géneros, sino una lucha contra un sistema que nos ha enseñado a competir en lugar de apoyarnos.
- Hombres: no os sintáis atacados. Aliados, no enemigos.
- Mujeres: no usemos el feminismo como arma. Igualdad, no revancha.
- Sistema: menos reacción automática y más protección real (para todos).
Al final, no se trata de quién tiene más derechos o más miedo, sino de que nadie tenga que vivir con miedo. Y eso, queridos antifeministas, es justo lo que el feminismo intenta arreglar.
