Estamos en la Era de las Redes Sociales y la manipulación es un tema muy recurrente en las conversaciones de algunos que se mantienen alerta.
Hace poco, en el artículo «Las redes y el arte contemporáneo» hablé de dos temas en los que prometí profundizar más adelante. Ya tuvo lugar el artículo de opinión «El estrés del progreso», en el que he hablado de las consecuencias psicológicas que tiene toda esta vorágine en la que nos hemos metido hasta los ojos. Hoy toca hablar más a fondo sobre el párrafo en el que hago un par de preguntas: «¿Toda esta telaraña está pensada para mantenernos atrapados? ¿Somos la comida de una araña gigante?»
¿Somos esclavos de un sistema de gigantes? ¿Somos marionetas digitales?
Estamos atrapados en una telaraña digital y de consumo tejida por grandes empresas, con algoritmos que a muchos nos suenan a chino y con estrategias que nos obligan a mantenernos enganchados, actualizados y volándonos la cabeza cada vez que hay alguna novedad que se nos ha pasado.
Las redes sociales y los avances tecnológicos han crecido tanto que se han convertido en una poderosa herramienta de control en el que moldean a su antojo nuestra forma de ver al mundo, de percibir nuestra propia existencia, de comportarnos y de tomar unas decisiones u otras.
La Estrategia de las Grandes Empresas
La filosofía de usar y tirar, la búsqueda de la inmediatez, la comunicación parcial y el consumo desmedido son tan solo algunos de los laberintos en los que nos hemos metido persiguiendo los anzuelos que nos lanzan las grandes corporaciones. ¿Es posible que esos gigantes utilicen estos medios como estrategia para mantenernos pasivos y para que los sigamos engordando mientras nos desnutrimos a nosotros mismos? Yo veo claros indicios preocupantes que dicen que esto es así:
- Bombardeo de contenido: no solo nos vemos acosados por un sinfín de noticias, anuncios, memes, fotos y videos, sino que también nos incitan a ser parte de ello y a aportar más, más y más… ¿Te has preguntado por qué les interesa tanto que compartamos cada vez más contenido? ¿Por qué nos volvemos invisibles al dejar de hacerlo? Porque cuanto más tiempo pasemos en sus plataformas, más datos recopilan sobre nosotros. Se alimentan de nuestra atención y de esa especie de hipnosis que usan como moneda de cambio.
- Filosofía de usar y tirar: obsolescencia programada, modas que duran pocos meses, móviles sin acceso a la batería, materiales difíciles de reparar… Todo esto hace que el consumo siga en aumento y que la gente ya ni siquiera intente arreglar lo que se estropea. Pero la cosa no queda ahí, además nos disparan publicidad constante y usan estrategias que hacen que la gente compita para ganar el puesto al mejor —lo que sea—, generando necesidades absurdas y obsesiones enfermizas por estar a la última en todo. Las redes sociales también fomentan la cultura del consumo rápido haciendo que deslizamos el dedo para ver una publicación tras otra sin detenernos a observar con detalle, a leer o a pensar. Y después de recibir toda esta basura sobre nuestros hombros, nos volvemos más superficiales, menos críticos, más dóciles y más manipulables.
- Las famosas galletitas: con las cookies y los algoritmos personalizan lo que nos muestran para poder reforzar las creencias y las necesidades que ellos mismos han puesto en nuestras cabezas haciéndonos creer que son de cosecha propia. Limitan nuestra exposición a ideas divergentes y nos mantienen en burbujas de información que nos otorgan una realidad parcial o transformada sin dejarnos ver la perspectiva completa de quien lo ve todo desde un punto más lejano.
- Como una droga: nos provocan adicción a la dopamina que genera el ver encendida la luz de las notificaciones o al ver cómo crece el número de “me gusta”, de seguidores o de comentarios. Nos enganchamos como yonquis a su heroína, buscando constantemente el placer instantáneo y efímero. Somos vulnerables emocional y socialmente, y las empresas saben cómo explotar esta necesidad de gratificación constante.
Despertar y Resistir
Algunos siguen dormidos y manipulados, otros han despertado pero siguen girando la rueda para intentar sobrevivir a pesar de ser conscientes de que se los traga la nada y otros, los que menos, se niegan a alimentar al gigante y se mantienen erguidos luchando a contracorriente por mantener su autonomía.
¿Dónde estás tú?
Hace unos días en un evento, un chico me escuchó con educación hasta que terminé de contarle de qué van mis libros. Al acabar tuvimos un diálogo corto que no sé si olvidaré algún día:
—Es muy interesante todo lo que planteas, pero yo me considero un borrego más del montón.
—Entonces tal vez te venga bien leer alguno de mis libros —contesté entre risas.
—Nah, ya soy mayor para cambiar y además soy feliz así.
Con las mismas que vino, se fue. Yo me quedé entre pensativa y triste…
Tal vez algunos no quieran despertar a pesar de ser conscientes de lo que sucede, tal vez otros simplemente no saben cómo salir del remolino, tal vez otros tantos ni siquiera se den cuenta de lo que sucede a su alrededor. Si has leído todo el artículo, que reconozco que me he explayado y desahogado de lo lindo, seguramente no estés durmiendo profundamente, puede ser que estés despertando o que quieras hacerlo. En ese caso tal vez sea interesante ser consciente de algunas cosas:
- Hay que recuperar el pensamiento crítico: reconozcamos la manipulación y el desvarío de las circunstancias. Cuestionemos lo que escuchamos y lo que vemos en las redes y en los medios de comunicación, busquemos fuentes confiables y, sobre todo, pensemos y digiramos la información buscando una opinión propia antes de repetirla como loros enjaulados.
- Desintoxicación: ¿quieren cuarentena? Pues vamos a darles una saliéndonos de las redes. Yo lo he hecho y sienta fenomenal. Y si no podemos hacerlo porque nuestro trabajo depende de ellas, limitemos el consumo y usémoslas solo para lo esencial. Desconéctate, respira y observa el mundo real. No digo que apagues para siempre, solo que te des un pequeño respiro para ver las cosas desde otra perspectiva.
- Educación: primero aprendamos nosotros, reeduquemos nuestras mentes para que puedan escapar de la telaraña y que no se conviertan en el alimento de esos gigantes. No seamos marionetas digitales y aprovechemos los avances a nuestro favor sin caer en la adicción desmedida. Y al mismo tiempo eduquemos a las nuevas generaciones para que no repitan los pasos de quienes han caído en la trampa.
Recuerda que los avances tecnológicos y las redes sociales no tienen por qué ser inherentemente malas. Depende de cómo las utilicemos. Busquemos esa consciencia, seamos críticos y resistamos sin permitir que nos duerman mientras nos alimentan con ilusiones digitales.
