Es cada vez más evidente la influencia que ejercen las redes sociales en la difusión y el consumo de arte contemporáneo, pues se han convertido en una herramienta fundamental para llegar a miles de personas.

A través de las redes, los artistas no solo pueden mostrar sus obras, sino que también tienen la posibilidad de interactuar con su público, crear comunidades y generar ingresos. Otra de las grandes ventajas es que los usuarios pueden encontrar diferentes propuestas artísticas, opinar sobre ellas, descubrir nuevos talentos y participar en eventos virtuales.

¿Qué coste tiene el uso de redes sociales? ¿Qué pasa cuando esos miles de usuarios se reducen a unos pocos?

El coste principal es el tiempo; tiempo que se tiene que restar a nuevas creaciones u otros asuntos importantes. Porque, seamos realistas, para llegar a miles de personas, es necesario estar presente en redes; y estar presente implica constancia, calidad, estar al día de nuevas tendencias y algoritmos, dedicar horas dentro de la telaraña y otras tantas preparando la miel para atraer a los espectadores.

La visibilidad está condicionada por tantas cosas, que el ser reconocido como artista equivale ser un pequeño y diminuto pececillo que nada en un mar inmenso.

Adaptarse o morir, esa es la cuestión…

¿Quiénes son más visibles? Quienes muerden el anzuelo, se adaptan a las demandas del mercado y a los caprichos de los empresarios que mueven los hilos del monstruo que nos devora. Eso, por cierto, es otro tema… ¿Toda esta telaraña está pensada para mantenernos atrapados? ¿Somos la comida de una araña gigante? Hablaremos de esto en otro artículo.

Pero no solo hay que adaptarse a eso, también al tipo de consumo que busca la sociedad.

¿Cómo ha cambiado el arte con la influencia de las redes sociales?

Estoy convencida de que solo los que me comprenden llegarán a leer el artículo hasta aquí, porque los que siguen durmiendo y viendo la vida pasar de forma superficial y rápida, están en una vorágine en la que solo pueden apreciar lo que capta el ojo en un par de segundos, algunos no llegan ni a eso. Hay que adaptarse a que la gente pase de largo sin apreciar el fondo, sin un ojo crítico y reflexivo que los lleve a la apreciación más profunda de la obra. Esperad, reformulo… ¿Hay que adaptarse a que la gente pase de largo sin apreciar el fondo, sin un ojo crítico y reflexivo que los lleve a la apreciación más profunda de la obra?

¿Qué se necesita para triunfar en las redes?

Voy a resumirlo en un punto: impacto visual.

¿Creéis que esto significa que las letras tengan que buscar otros medios de difusión? Tal vez no. Yo creo que parte de la adaptación es aceptar que hay un nicho que lee o aprecia el arte en profundidad, es pequeño comparado con el porcentaje de usuarios que van al like fácil, pero algo hay.

Tanto artistas como consumidores tenemos que aprovechar las ventajas e intentar no perecer ante los inconvenientes de las redes, entender que para algunos se traduce en un tablón de anuncios y un espacio de difusión y de aprendizaje, y que ello no debería suponer un motivo de estrés o de ansiedad. De esto, por cierto, podríamos hablar en otro artículo, de la ansiedad que supone adaptarse a la actualidad. Me lo apunto.

Usemos las redes de forma responsable y creativa, respetemos la diversidad de las expresiones artísticas y busquemos  la originalidad y la calidad manteniéndonos erguidos y con la cabeza bien alta.  

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